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El cielo de Bagdad (Etiqueta Negra #59)

Posted in Año 2008 with tags , , , , , , on March 23, 2009 by Farid Matuk

O cómo contemplar el firmamento entre

misiles,

morteros y

kalashnikov

  

En agosto 2006 fui declarado persona non grata, y un año después me esperaba un trabajo en Irak. Como experto en reconstruir sistemas estadísticos, he pasado buena parte de mi vida profesional viajando a países en emergencia: Yugoslavia después de Milosevic, Nicaragua después de los sandinistas, Bolivia después de su hiperinflación. Así que llegar a esta nación en guerra parecía una tarea difícil, más no imposible. Estaba en un error. Cuando quise encontrar la ruta más cómoda para aterrizar en Bagdad, descubrí que el aeropuerto no era un destino válido en Internet: no existen vuelos regulares a un cielo plagado de misiles. El punto más cercano a esa ciudad era Amman, la capital de Jordania; una vez allí, debía abordar un avión de la Fuerza Aérea Americana, la única manera de volar en un cielo belicoso.

Llegué a Amman a las once de la noche del primer sábado de agosto. A la mañana siguiente, estaba listo en la recepción del hotel, junto con cuatro desconocidos, aguardando a que nos trasladaran al aeropuerto. Por razones de seguridad, nuestro vuelo no tenía hora fija de despegue. Siete horas después, la nave partió por fin llevando a bordo el correo para los soldados y a un grupo de pasajeros civiles, entre los que me contaba. Por curiosidad, había leído un artículo que resaltaba la «flexibilidad» de los aviones Fokker para aterrizar y despegar en Bagdad. La pregunta era obvia: ¿En qué consiste un «avión flexible»? Una periodista que realizaba su undécimo viaje a la zona lo explicó así: «El avión llega al aeropuerto de Bagdad volando a los usuales diez mil metros de altura, y baja rápidamente en tirabuzón». De esa manera, me dijo, no se les daba tiempo a aquellos que tenían misiles al hombro cerca del aeropuerto.

Volví al mismo aeropuerto una noche de octubre. Debía viajar a Erbil, la capital de la región del Kurdistan, en el norte del país. Esta vez lo hice a bordo de un viejo Boeing de Iraqi Airways. Estaba seguro de que no era un avión «flexible», y tenía curiosidad por saber cómo sería el despegue. A la hora programada, la nave se alejó del espigón y se dirigió hacia el extremo de la pista. Una vez allí, las turbinas empezaron a acelerar y, de pronto, todas las luces del avión se apagaron: las de afuera, las de adentro y también las de seguridad. Sin embargo, nadie lucía sorprendido, y la máquina despegó en lo que parecía una maniobra rutinaria. «En la noche, con las luces apagadas no nos pueden ver», me explicaron. Se referían, por supuesto, a aquellos que tienen misiles al hombro cerca del aeropuerto.

Un mes más tarde, de día, volaba hacía Amman en un vuelo comercial de Royal Jordanian cuando entendí con precisión de qué se trata la «flexibilidad» de los Fokker. Éste era un avión blanco que no llevaba símbolos de ninguna especie, tenía una tripulación sudafricana y había sido alquilado por la aerolínea. Como es usual, la nave se posicionó en la pista y despegó. De pronto por una ventana veía la pista de aterrizaje en picada, y por la ventana opuesta, el cielo asomaba transparente. Le pregunté a mi compañero de asiento que ocurría: «Sencillo –me respondió–. El avión rota noventa grados y se eleva en espiral» para evitar a aquellos que tienen misiles al hombro cerca del aeropuerto

 

***

 

El cielo de Bagdad no sólo se vive cuando se vuela, sino también desde tierra. Durante ocho meses de trabajo, he vivido en la Zona Roja de la ciudad. Aunque lo parezca, ese nombre no tiene el usual significado occidental, sino uno militar. En la Zona Roja, las armas deben estar cargadas. En la Zona Verde, descargadas. El diseño de los lugares en que he vivido siempre ha sido similar: dos calles que se cruzan y sus cuatro salidas amuralladas. Dentro de ese espacio, todos los edificios se convierten en dormitorios, oficinas y áreas comunes, como una pequeña fortaleza donde se duerme, trabaja, y come. Si tienes que salir –diría Dante refiriéndose al infierno–: «Abandona toda esperanza».

En circunstancias normales, no conviene mirar el cielo desde allí; los variados enemigos de los infieles en Irak tienen francotiradores apostados en los edificios cercanos, y éstos están atentos para captar la presencia de cualquier extranjero ingenuo. De noche, se puede contemplar el cielo con las ventanas abiertas, pero manteniendo las luces apagadas. De día, puedes hacerlo cerrando las ventanas y mirando a través de los vidrios-espejo, cuyo reflejo impide apuntar a los francotiradores. Otras veces los silbidos de los morteros de 122 milímetros suenan como trompetas apocalípticas, que anuncian el descenso del fuego desde los Cielos. En circunstancias excepcionales, uno debe usar durante todo el día un chaleco blindado y un casco de guerra. Juntos, ambos aditamentos pesan unos diez kilos.

La mejor ocasión para contemplar el cielo de Bagdad es cuando se viaja a la Zona Verde en una camioneta blindada y escoltada por otros dos vehículos similares, zigzagueando a alta velocidad para evitar un coche bomba o un peatón suicida. En ese momento, uno debe concentrarse en el cielo de la ciudad para olvidar el infierno inmediato. Ya dentro de la Zona Verde, se recomienda mantener el oído alerta. «Estate siempre atento a un silbido suave que sólo dura cuatro segundos –me aconsejó uno de los mil quinientos peruanos que vigilan allí–: Es el tiempo suficiente para lanzarte al suelo de espaldas al cielo, y esperar la explosión del mortero».

 

 

 Etiqueta Negra

 

Videos de Bagdad

 

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20090224 – Farid Matuk saca a pasear a su corbatita michi en Irak

Posted in Pepitas with tags , , , , , , , , , , , on February 27, 2009 by Farid Matuk

El recordado ex jefe del INEI, nos envió fotos desde Irak, país donde actualmente radica y trabaja. Hoy fue día especial para Farid Matuk. Salió de su búnker y pudo visitar la oficina principal del INEI de Irak. Tuvo que esperar casi dos años, para este acontecimiento.  “La de hoy corresponde a mi primera visita al INEI de Irak luego de esperar poco mas de 80 semanas, porque aunque yo vivo en la Zona Roja. Hay áreas mas rojas que otras y sólo recien con la reducción del peligro ha sido posible ir. En la foto está el Dr. Mehdi Al-Alak quien es el jefe estadístico de Irak”, nos cuenta.

Dr. Mehdi Al-Alak

Dr. Mehdi Al-Alak

Como ven, Matuk no se desprendió de su famoso corbatita michi. Tampoco de su chaleco antibalas.

Colegas en el Ministerio de Planificación

Colegas en el Ministerio de Planificación

Esta foto, tomada en el 2007, corresponde a su “primera visita a un organismo público (Ministerio de Planificación) junto con dos colegas”. El de su derecha, “es un palestino con pasaporte americano”, y el de su izquierda, “un iraquí con pasaporte canadiense”.

“En ambas photos estoy con un chaleco anti-balas de nivel IV, y este enlace precisa qué tipo de proyectil detiene”, nos explica el experto peruano que gracias al APRA tuvo que prácticamente “autoexiliarse” en el lejano medio oriente.

Es bueno confirmar que pese a ello, Matuk no ha perdido el bueno humor (y tampoco -felizmente- su agudo análisis sobre la estadística y la realidad de nuestro país) Es necesario explicar que la historia de estas fotos tiene como antecedente este post. Allí, Pepitas se preguntaba si “¿Farid Matuk seguí usando su corbatita michi en su búnker en Irak?”. Como pueden ver en la imágen de abajo, el buen Farid respondió inmediatamente y cumplió lo prometido…

Agradecemos el gesto de Farid Matuk y le enviamos nuestros mejores deseos.